8 de marzo de 2015

but you're the one who shot me.

¿Por qué siempre acabamos cometiendo los mismo errores? ¿Por qué siempre caemos en la misma piedra? ¿Por qué no aprendemos?

Ojalá pudiera arrancar este bulto en mi pecho. 
Ojalá pudiera olvidar el pasado.  
Ojalá toda esta mierda se fuera de mi cabeza. 
Ojalá fuera alguien diferente.
No sé, ojalá no fuera yo. 
Porque me da la impresión de que estoy destinada a caer.
Simplemente no soy ese tipo de persona que hace todo bien. Lo poco que se hacer es insignificante, solo soy un ladrillo más en la pared, una mota de polvo en un caos increíble. 
Ojalá no fuera tan inútil. 
Joder, soy tan inútil. 
Tan inútil que ni sé como acabar esto.
¿Quién soy?
Y lo peor de todo es que nadie puede contestarme. Moriremos con las ganas de saber. Y moriremos con los ojos cerrados, porque la realidad es demasiado cruel cuando nos toca.
No sé que hacer. Con las manos en puños, y el ceño fruncido, supongo que seguiré caminando.
Ojalá las cosas cambiaran.
Ojalá abrieran los ojos. 
¿En qué me equivoco? 
Joder, me siento tan hundida.
Supongo que eras tú la que apuntaba y yo la que apretó el gatillo.

28 de enero de 2015

De ti, al que nunca hablaré.

Es hora de ir a clase, y todo parece ir bien. El aleatorio está escogiendo buenas canciones, solo queda una hora para que sea la hora de comer, y este es su momento favorito del día. Llega a su mesa de siempre, se sienta en la silla de siempre. Todo va genial, fantásticamente bien. El barro bajo sus manos, amoldando la forma de sus dedos, jugando con él como si fuera plastilina.

Y algo se rompió.

Pero no era la cerámica, ni el cuchillo contra la mesa, ni la punta de los lápices sobre el papel. Era algo dentro de ella.Y miró a su alrededor. Gente y ¿cómo estaba tan sola? Había tanta gente y ¿cómo no se había dado cuenta? Asientos vacíos a su lado, nadie con quien hablar. Risas, gritos, bromas. Pero no salen de su boca, ni son para sus oídos. 

Un nudo en la garganta.

No puede contenerlo. Necesita esconderse. Sus ojos queman, la sal del océano en el que se hunden. Y sus mejillas, rojas, de impotencia, quizá de rabia. Se levanta, tan despacio como siempre, tan invisible como de costumbre. Y abre la primera puerta que encuentra, hacia tierra de nadie, su tierra. 

Ojos oscuros.

Pero no los suyos, esta vez no. Agacha la cabeza, no son conocidos, pero sabe quién es. Él, solitario, impredecible, anónimo. Pero las lágrimas no aguantan más y los sollozos escapan de su boca, necesita huir.

Ojalá.

Ojalá se conocieran. Ojalá pudiera simplemente quedarse ahí. Él había visto demasiado, una parte de ella que nadie conocía, aquella extraña. Y probablemente no pensará tanto como ella recuerda cada vez que le ve. No sabe como sus latidos se pararon, lo expuesta que estaba. Tampoco como se sintió, cuando alguien finalmente puso sus ojos sobre ella, y ese alguien había sido él.

18 de enero de 2015

I hate to see your heart break.


   Era la primera vez en mucho tiempo que nos veíamos. Tu pelo más largo, casi rozando tus hombros, algo de barba en tu mandíbula. Se me había olvidado el color de tus ojos, la piel de gallina al ver aparecer tus hoyuelos. Sentí que el tiempo se paraba, mientras yo poco a poco me congelaba. Parece un sueño. Y parece que flotas cuando te acercas a mí. Y mi cabeza saldrá volando como te acerques un poco más. Sonríes una vez más cuando ves que tengo mis ojos sobre ti, pero aparto la vista y miro hacia el suelo, cuando noto como mis mejillas están rojas. Música al salir mi nombre de tus labios, mis latidos se aceleran.
   No me espero nada. No espero que sientas lo mismo de antes. Sé que hay otra. Sé que la querrás. Sé que no soy nadie. Pero tus labios juegan con mis ilusiones. Y al parecer tus dedos quieren jugar con mi hombro. Al parecer tu brazo está sobre mi. Al parecer me estás abrazando. No te creo cuando dices que me echas de menos. Ni cuando dices que ahora estás más seguro. Sé que no estuvimos hechos el uno para el otro. No puede funcionar. Pero te acercas más a mi y lo que sea que estuviera pensando se desvanece. Por favor no me hagas esto, por favor no me mires así. ¿Estás seguro? Mi nombre una vez más, melodía. Afirmas, yo niego. No te creo. Parece un sueño.
   Nos miramos, yo te observo, tú me devoras, me dejas vacía. Apartas el pelo de mi cara, pero dejas la mano sobre mi mejilla, acaricias mi oreja. No te creo. Quiero creerte pero no te creo. Hay algo en tu bolsillo, ahora está frente a mi. Una carta. Mi letra. Dices que la tienes memorizada, cada coma. Y que también me recuerdas cuando la lees, cada peca. Los centímetros desaparecen poco a poco. Tu ojos son marrones, ahora están cerrados. Los míos abiertos, quiero recordarte así, vulnerable, conmigo, feliz.
Parece realidad cuando la alarma suena. Parece realidad cuando recuerdo que ya no estás aquí.


16 de enero de 2015

Más de un quince.

                  Imagina volar,
tocar el cieLo,
                tUs alas enormes, tapando el sol,
   el viento Susurra que vueles más alto,
             casI puedes rozar las nubes,
y ahora todO se tambalea,
            lejaNas, las golondrinas se ríen de ti,
  como la cEra, tus alas se derriten,
   ícaro, lo Siento mucho.

                     se desvAnece,
 como el agua, se deSliza,
                        quisite Escapar
                                              pero dejaSte todo lo demás atrás.
                                      Ilusiones,
                                        taN subjetivas,
       flotando en el Aire
 pero tan mortaleS.

Quince de enero de dos mil quince.

Caían al suelo, poco a poco, diciendo adiós.
La brisa les acompañaba, a veces hacia arriba, otras hacia abajo.
Caían, poco a poco, agarrándose a las pequeñas motas de polvo que flotaban en el aire.
A lo lejos se oían risas, gente feliz.
Un olor a verano se colaba entre el asfalto y el sol.
Asfalto, duro, oscuro, acercándose.
El sol, infinito, lejano.
Traté de contenerlos en mi mano, eran frágiles.
Se deslizaban entre mis dedos.
Lágrimas.
Finalmente colapsaron contra el suelo.
Mis sueños estaban rotos.



22 de diciembre de 2014

Bulls in the Bronx


Sangre. Sangre por todos lados. Sangre en tus labios, bajo tus pestañas, en sus nudillos. Gritos, animando, calentando el ambiente. Grito, y mi voz se mezcla con el bullicio. Nadie me ve, nadie sabe que estoy sufriendo. Y tú, tú no sabes cómo deseo que me oyeras. Te golpea una vez más, en la mandíbula, continúa la coreografía con tu estómago, corta nuestras respiraciones con una patada en el pecho.

“Las chicas son estúpidas” me gritaste, yo respondí diciendo que los chicos más. Teníamos nueve años, estábamos en tu porche. Tú querías jugar a gladiadores como siempre, y como siempre no me opuse. El casco que usabas para patinar en tu cabeza, el cubo con el que construíamos castillos de arena en la mía. El palo de la fregona en tu mano izquierda, la escoba en mi derecha. Como siempre acabé ganando, y tú como siempre acabaste tirándote al suelo, fingiendo tu muerte seguida de un enfado . Yo solo reía, tú fruncías el ceño.
“Pero tú me has ganado, tú no eres como las demás” terminaste. “Pero tú me has dejado ganar” pronuncié con una sonrisa, “tú no eres como los demás”.

Ahora estás en el suelo, sé lo que duele, pero no lloras. No sollozas. Son mis labios los que sienten la sal de las lágrimas. Y no paras, hasta tu último aliento, me temo. Y él está encima de ti. Sobre ti llueve. Llueven sus puños. Quiero ser tu paraguas.

Asfalto bajo nosotros. Ruedas sobre el suelo. Ahora tenemos once, y las bicis son lo que se lleva. Me prometiste que saldríamos este lunes, hiciera el tiempo que hiciera. Y tu manillar fue lo primero que vi al despertar. El cielo estaba gris, pero no había viento. No hacía frío. Solo gris. Una flor en mi cabeza, arrancada de mi jardín, por ti. Me dije a mi misma que no me gustabas, que yo no te gustaba. Que solo eran flores. Hasta que tu mano soltó el manillar y buscó la mía. Hasta que la mía te siguió. Hasta que tus dedos abrazaron los míos.

Algo cambia. Me encuentras. Por fin algo en ti se ilumina. Y luchas, y te levantas, y si, algo cambia. Él sigue confiado cuando te pones en guardia. Tú te confías cuando tu rodilla toca su estómago y tus nudillos su mejilla. Él pierde las esperanzas cuando ve ese brillo en tus ojos. Yo grito tu nombre, mi garganta arde. Sigues avanzando, no dudas. Más sangre. Más sudor. Cae al suelo, pero no se levanta. Se acabó.

“VETE”, la lluvia mojaba tu pelo mientras me gritabas. “NO QUIERO” mi paraguas cubriendo mi cabeza.
“No te quiero”
“Sé que no es así”
“No te merezco”
“No es verdad”
Me acerqué y no te alejaste. Acaricié tu mejilla y no apartaste la cara.
“Sabes que no soy bueno para ti”, sollozaste.
“Sabes que me da igual”
“A mi no me da igual”
Así se acabó, o eso creí cuando saliste corriendo. No te volvería a ver, o eso pensé hasta que te vi allí, rodeado de gente. Todos en tu contra, y sangre.




13 de noviembre de 2014

#Bruiser


Está oscuro, pero te da igual. Hace frío, pero no te importa. Llueve, no te gustan los paraguas. Al fin y al cabo ya estás acostumbrado. Algo se acumula en tu garganta, y no sabes si gritar, llorar, o que coño hacer. Sólo sientes como todo el calor de tu cuerpo va hacia tus ojos, hacia tus manos. Las aprietas en forma de puño, patético porque ese no eres tú. Pero ahí estás, acumulando mierda. Y así has estado, acumulando durante demasiado tiempo. Joder, necesitas explotar. Necesitas romper algo, tanto como si ese algo son tus nudillos. Y odias la lluvia, cayendo delicadamente sobre tus zapatos, suficiente para mojarte los pies pero no para ahogarte, para hundirte y desaparecer de una vez. Y te importa una mierda todo lo demás. Y duele, duele sangrar tanto por dentro como por fuera. "Gilipollas, imbécil", y es cuando deseas no haberle conocido.

7 de noviembre de 2014

The hearts wants what it wants.

¿Buenas noches? Estás a unos metros, pies quizás. Y te veo, y siento que estás todavía más lejos de lo que me gustaría, a pesar de que estoy acostumbrada. Y sonríes, pero no me ves. Estoy tan acostumbrada a evitarte, a esconderme. Solo quiero que me veas sonreír a mi también. Y todos en las gradas saben que quiero llamar tu atención menos tú.


Y de repente estás en todas partes. Apareces a mi lado y siento que me caigo, siento que cada segundo es una tortura. Sé que es mi cabeza, sé que el echo de sentarme a tu lado y accidentalmente rozar tu pierna es normal, es casualidad, aunque así es como se siente morir lentamente. Tus ojos, centímetros que quiero hacer desaparecer, y sé que es mi cabeza otra vez. Podría memorizar cada peca en tu iris, cada gesto que haces al sonreír, tus labios cortados, y como el frío te congela la nariz; podría, y hay mil razones por las que no debería. 

Alguien me odia, alguien que me obliga a acabar a tu lado, alguien que hace que nuestras manos se toquen, que tus dedos cubran los míos. Y el frío desaparece, y no lo echo de menos. Rezo por que la sangre no suba a mis mejillas, solo miro al suelo esperando que nadie se dé cuenta de lo correcto que es para mí. Porque es un error, todo esto es un error. Los latidos traspasando la barrera del sonido, los que piensan que hacemos buena pareja, el césped, los globos, el cielo, las estrellas que se esconden tras las luces del estadio. Quiero que desaparezca, quiero olvidar lo estúpida que soy, lo débil, imbécil, ilusa que me siento. Quiero dejar esto de lado, quiero no depender de ti para sonreír mañana.

But the heart wants what it wants...

2 de noviembre de 2014

If this is giving up, I am giving up.

Tíos que se creen encantadores, niñas que se ven adultas. 
Ella que trata de saber quién eres. Tú que sólo ves superficie. 
Mentiras que salen de los labios de un extraño y ojos que nunca se miran; no me importa si crees que es guapa. Tampoco a ella. 
Y poco a poco nos vamos desgastando, tirando las ganas de seguir adelante al rincón de "qué más dará". Estudia, aprende lo que es ser un hombre de verdad, es hora de que dejes de jugar. Ya no se lleva, el azul lo has sustituido por el amarillo, por la mentira, por la falsedad. No te deseo lo mejor porque no lo mereces; pero lo peor ya lo conoces. Y miles más que corren, tu que saltas. De flor en flor. Pensaba que el tiempo lo arreglaría, pero El sólo nos ha roto un poco más. Al fin y al cabo, eso somos. Somos piezas rotas que van buscando una manera de completarse. Y sangramos, lloramos, pero nadie encaja nuestro puzzle. Y tu la viste sangrar, pero tus piezas son más importantes. 


16 de octubre de 2014

¿Cómo estás?

Estoy cansada. No tiene que ver con dormir. Aunque ya no duermo.
Estoy cansada pero no tiene que ver con correr, aunque solo quiero huir.
Estoy cansada porque siento que esto me supera, que no soy lo suficientemente buena. No sé jugar ni con mis propias reglas. Y no quiero estar bien otra vez. No quiero perder el cansancio. Prefiero acostumbrarme a él, hacerme con él. Estar bien significa estar mal, algún día, otra vez. Es más fácil si solamente lo evito, si me hundo a mi misma todo el tiempo; se podría estar mejor pero no quiero estar mejor joder. Llámame imbécil, hipócrita, ya lo sé.
Estoy cansada de vivir con mi peor enemigo, de no poder pedirle que se marche porque está en mi cabeza.
Estoy cansada de no sentirme cómoda en ningún lado.
Estoy cansada, pero no tiene que ver contigo. No me importa. Y ahora lo siento más que nunca, me da igual. Olvida lo que iba a decir, porque no tiene sentido.
Estoy cansada de todo. ¿A dónde voy? Lo siento pero no encuentro mucho sentido a despertarme mañana, no quiero seguir esperando que las cosas cambien, y que cambien para peor. Solo quiero dormir para siempre.