5 de abril de 2016

Si quieres enamorar a cualquiera, haz esto.

«Quería que hiciésemos esto juntos»

Sentados en mi cama, dejando escapar pequeñas arrugas entre las sábanas. Solo tú y yo, rodeados de recuerdos colgados por mis paredes, algunos de ellos llevando tu esencia. Mientras probablemente vuelas a otro mundo muy lejos de mí yo me pregunto cómo es posible encontrar una combinación más perfecta que la de nuestras presencias el día que nos conocimos. Otros habrían usado lo que tú supiste aprovechar. Te miro, y deseo que mis pupilas sean capaces brillar, de iluminarte y que algo en tu interior se encienda.

«Se supone que nos tenemos que hacer estas preguntas el uno al otro...»

¿Podría haber unos ojos más tiernos que los tuyos? ¿Por qué tus manos me parecen incompletas? No soy capaz de decirlo en alto, y lo mantengo entre mis labios, esperando a que te acerques y me dejes manifestarlo. Lees una de las preguntas y esperas a que yo responda, no sé cuáles son tus intenciones, qué es lo que buscas, pero que te intereses de esa manera por mí despierta mil aleteos que llevaban mucho tiempo dormidos.

«¿Cuál es tu recuerdo más doloroso?»

Y sin quererlo he acabado llorando, en frente de ti, que hasta ahora solo me habías conocido con una sonrisa. Permaneces quieto porque probablemente no sepas muy bien a qué viene todo eso, o quizás porque como yo, no te esperabas que se me humedecieran las pestañas. Me avergüenzo porque me siento desnuda, vulnerable. Me alegro porque a tu lado me siento más cómoda, arropada del resto del mundo. Y tú me cuentas cosas que no me espero, que no van a juego contigo ni con esta situación. Aprendo detalles que muchas habrán pasado por alto. Me quedo enganchada en los puntos más afilados de tus palabras, y caigo por la suavidad de tu mirada.

No sé qué pretendías que pasara aquella mañana, pero funcionó.

21 de marzo de 2016

Cuando llueve y te preguntas dónde.

Llovía. 
Aunque no sabía si fuera, o dentro. 
Gotas caían pos sus muslos, y desde arriba unas grotescas vistas. Lo giró hacia la izquierda, rojos, sus hombros solo imitaban. Poca luz; gris y naranja eran contrarios y aún así tocaban una de las melodías más tristes del mundo. Juntos chocaban contra el suelo de madera y desteñían los azulejos. Y ella, una de las compositoras más anónimas jamás conocida, frotaba las cuerdas que permanecían rotas sobre su costado. El vapor lloraba al cristal; al espejo, pedía clemencia. Todo flotaba y una vez volvía el frío se condensaba sobre su cabeza. Mojada la lluvia cubría su desnudez. Esta misma extendía sus manos y acariciaba las partes más delicadas, las más ocultas. Ella lo notaba y dejaba trabajar a su vieja aliada. El calor se iba poco a poco, mientras la humedad obstinada construía cobijo entre enjutas. Se iría oxidando, pero de momento todo iba bien. 

18 de marzo de 2016

18 de Marzo de 2016; 22:57

No sé. Me acabo de sentar frente al ordenador sin saber muy bien que escribir. Bueno, más bien he tirado el ordenador en mi cama y comenzado a buscar cualquier combinación de palabras que me sirviera para empezar. Como si un colchón pudiera ser un lugar de trabajo. Como si el somier fuera mi oficina y las sábanas simples becarias. Y qué escribir que merezca la pena ser leído. Como si no hubiese miles y miles de textos protestando, gritando desesperados la palabra cambio entre sus espacios. Como si no se hubiese dicho ya que esto se va a la mierda, que estamos tocando fondo. 

Suena el despertador a las seis y media de la mañana y me niego a abrir los ojos. Me lavo la cara pero sigo medio dormida. Mis párpados continúan cerrados mientras desayuno. Pierdo el tren y me doy cuenta de que desde las seis y treinta y uno tenían que haber estado abiertos. Nuevos Ministerios ahora se encuentra 15 minutos más lejos de mi. Supongo que no puedo pedir a los demás que despierten cuando ni yo soy capaz de distinguir sueño de vigilia. 

Tampoco puedo pedirle al mundo que recupere un poquito de su sentido común cuando el mío está de baja y el ascensor roto. Me seguirá faltando la cohesión, mucha coherencia, y ya ni hablemos de la adecuación. Aún así me considero afortunada al ver cualquier impedimento como un obstáculo y no como una condición. Y ¡madre mía! Menuda suerte al ser capaz de poder elegir entre ambas opciones. 

Sería maravilloso que todos fuéramos menos egoístas. O quizás que hubiéramos nacido sin cuello y nos fuera imposible torcer la cabeza hacia otro lado cuando vemos algo que no nos gusta. Y todo hubiera sido mucho más diferente. 

Pero por mucho que me digan que los párrafos no deben empezarse con pero, creo que poner pegas nunca ha estado de más, y que deberíamos tomárnoslas en serio de vez en cuando. 

No sé. Yo solo escribo mientras las ideas poco a poco se me desgastan. 

2 de marzo de 2016

Everybody hurts this way.

Pesa tanto que anda encorvada, mirando hacia abajo y perdiendo la vista entre pensamientos. Le duelen las rodillas porque están cansadas de caminar, de ir continuamente hacia delante. Sin rumbo. Empuja, porque se cae de sus hombros. Lucha por controlarlo y que no salga de ahí. Lo mantiene entre paredes similares al mármol, pero tan frágiles como el cuarzo. Se dan de sí hasta que es irreversible. Y no volverán a ser las mismas, por mucho que lo nieguen.

Se ha negado tanto tiempo, lo ha escondido tantas veces, que ahora nota como sus murallas se quiebran una vez más. Pero sigue caminando, sigue sujetándolo con todas sus fuerzas. Ya solo se preocupa por eso, que no caiga, que no escape de su cárcel. Aunque sea ella quién acabe por los suelos, no dejará que aterrice sobre el asfalto. Nunca la abandona, y siempre está ahí. Cada vez que gira una esquina, la encuentra, y la busca. No se da cuenta de que ya no está, al menos, por aquí.

14 de febrero de 2016

Pack de cosas que tiene la vida.

Sutil y confuso es el césped verde que se asoma en febrero. Incomprendido es el cerezo que ha florecido en noches de helada. Y ella, que pasa horas sentada en un tren de vuelta, aún no es nada más que oxígeno robado al espacio. Cualquier canción suena a través de sus cascos, y de alguna manera, se coordina con el ir y venir de sus neuronas, con las chispas que saltan al conectarse las unas con las otras. El sol se cuela en el cielo, en un mar de nubes que está seco, y sin quererlo apenas, apunta a sus pupilas, negras cual estrella después de morir. Serán las nueve de la mañana pero llega tarde a una cita consigo misma, y eso solo lo saben ella y sus sábanas. Se imagina en otro lugar, donde el asiento junto a ella está ocupado. Donde su cabeza no descansa en un respaldo si no en su hombro. Visualiza unos ojos que no pueden verla, y una sonrisa que no puede probar. Se muerde el labio y deja que una parte de ella se escape entre sus dientes.

Y dejó de ser nada.

29 de enero de 2016

Autodestrucción.

Tiene sed y busca. Tiene ganas y no se las aguanta. Se arrastra, repta, traza huecos allá donde pasa. Es ciego, es sordo, y además una broma de mal gusto. Hambre y sus tripas rugen, no encuentra. Sabe que lo hará de todos modos, que solo es cuestión de tiempo, que sólo hace falta esperar un poco más. Y cuanto más aguarda más crece, se llena de aire contaminado y lo único que exhala es humo. Se pudre poco a poco por dentro, hasta que finalmente halla.

Y es hallado sin aviso alguno. Entra por su boca y oprime sus pulmones, bloquea la tráquea y roba las palabras. Deslizándose por su intestino delgado registra cada pequeño rincón, tantea qué es mejor, qué puede doler más. Oye algo, más arriba. Golpes, quizá un prisionero tratando de salir de su cárcel. Viaja por sus venas, tiñéndolas de negro, manchando cada glóbulo rojo de putrefacción. Moviéndose rápido, ansioso, su presa está cerca.

Llega y todo se detiene. Desgarrador, visceral, aprieta ahí donde más duele, donde nadie había entrado nunca. Roba lo que se había mantenido bajo llave, tira todas las puertas abajo. ¿Cómo? ¿Qué es capaz de hacer semejante destrucción? ¿Qué ha descosido sus roturas? 

Él mismo.

21 de enero de 2016

All the pretty girls.

      Tengo la esperanza de que sigues ahí. De que eres la de siempre y que siempre has sido quién eres. Porque muchos ven lo que haces. Muchos juzgan lo que piensas, lo que decides, tu ropa, tu pelo, tus lentillas, tus errores, tu manera de cambiar. Pero yo sé que sigues siendo la misma. Después de todo tus palabras siguen invariables, estáticas, fijas en tinta virtual, en ideas que viajan en el aire. Permaneces escondida detrás de ese papel, del cartón que cubre tu cara y las ceras que te llenan de curvas y esquinas afiladas. Sin embargo, tengo la esperanza de que sigues ahí. Porque a mi no me engañas, se ver a través de ti.

      Olvida esa armadura de la que te has provisto, las críticas, los insultos, lo que has pasado para llegar hasta aquí. Porque te entiendo, te veo, y no sé como explicarte que todo está bien. Todo va a ir bien, si me escuchas, si me haces caso. A mí, no a ellos. Sé que tu vacío se ha llenado de confianza, sé que te ves de otra manera. Y está muy bien. Estás muy bien. Así que no te preocupes de verdad, sé quién eres.

15 de enero de 2016

Cuando rozas el cielo con tu nariz.

He decidido que voy a iniciar una pequeña revolución. Y me voy a manifestar. Y alzaré pancartas, con himnos que se peguen a las paredes, que taladren los oídos de cualquier caminante perdido, que indaguen en las neuronas de quién sea que me escuche. Pero que me escuchen. 

Porque, ¿cómo puedes odiar la lluvia? ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando sacas el paraguas del bolso? ¿Y por qué miras con desprecio las aceras mojadas, los charcos formados en sus irregularidades? ¿Es que no ves lo que te pierdes?

Y ellos se conocerán en un portal, resguardados de las gotas que amenazan con mojarles la chaqueta. No se lo esperaban pero así es la lluvia: imprecisa, espontánea e impredecible. Se mirarán incómodos y pretenderán que ninguno de los dos está ahí. Tratarán de evitarse ocultando sus ojos tras una pantalla, pero ambas están mojadas. Y no les quedará más remedio que alzar las cejas, finalmente considerando la existencia del otro. 

Tormenta es lo que ve y tormenta es lo que siente. Pero deja que el frío se funda en sus manos, y se derrita sobre aquella taza de té. El agua se rompe contra el cristal de su ventana, y desde la comodidad de su cama observa cómo los árboles luchan por mantenerse en tierra, firmes. Para ella no podrían estar más vivos. Agitan sus ramas al viento, retándole. No sólo a él, si no además a la gravedad. 

Porque sigo sin entender cómo puedes odiar la lluvia. Cómo es posible que nunca te hayas quitado la capucha y dejado que filtre por cada uno de tus poros. Cómo puedes vivir sin saber lo que es dejarse llevar por completo, el pensar en el momento, en ahora, en que eres tan humano y estás vivo. Joder que sí, que sigues vivo. Que sentir el frío en tus mejillas solo te las pondrá rojas. Que no hay nada de malo en saber encontrar los rayos de luz en cada nube, y que no es delito cantar a pleno pulmón aunque no te sepas la letra. Que llueva, y que nos inunde por dentro, que nos haga sentir llenos, que os olvidéis por un momento de lo demás y  que aprendáis a vivir de una vez. Que ya es suficiente ¿no?

Y que esta ha sido mi pequeña manifestación, un breve discurso que llevaba un tiempo empañando mis sueños y que bueno, os ha hecho perder el tiempo.

O no.

13 de enero de 2016

Boom.

Cerró los ojos y respiró profundo. Pero nada salió, estaba hueco.
Dentro no había nada, nada útil, nada relevante, solo aire. Y suspiró empujándolo de su interior. Intentó llenarse de algún modo, leyó un par de páginas y pensó que era suficiente. Se sorprendió al ver que las letras resbalaban por su garganta y que no era capaz de retenerlas en su interior. Una vez más vacío. Una vez más, en vano.

Y algo corría por su mejilla, no se atrevió a comprobar si era negra o transparente.

Dos agujeros a cada lado, cada vez más hundidos.
¿Qué? ¿Qué se te escapa?
Polvo bailaba a su alrededor, vacilante, destinando al olvido, a la causa perdida, a las esquinas abandonadas. Unos ojos en forma de desesperación, sincronizando sus pestañas con unas mejillas enrojecidas, labios entreabiertos.

Y respiró profundo. Sin embargo no pudo, se quedó atascado, a medio camino, en tierra de nadie. En una lucha constante, en dejar de prestarle importancia hasta que le robaba el oxígeno. Hombros escondidos, espalda curva, la gravedad tiraba con todas sus fuerzas mientras que la suya era exiliada de su pecho. Ajeno todo lo que giraba a su alrededor, una lluvia interna constante, granizo rompiendo sus ventanas, el agua se colaba por sus umbrales, inundaba el alféizar y se penetraba en el parqué.

Estalló y todos se preguntaron por qué.

10 de enero de 2016

Más.

¿Y ya está bien no?
Ya vale joder, ya vale de guerras, 
De traicionarnos, de dar tanta pena.
Porque damos pena, vergüenza ajena. Porque estamos redifiniendo humanidad con sangre y tiñiendo, 
manchando plumas de rojo, fingiendo 
que tenemos ojos,
no sé si olvidando que hay otros.
Si, tendrás las zapatillas más bonitas, 
que si ya las imitas, 
no valen, así que no te limitas,
gastas el dinero que partió la espalda a tu padre, 
los ahorros para un capricho de tu madre
y aún así no es suficiente. 
Más, solo quieres más. 
Él ayer olvidó el nombre de quien le dio la vida, 
la guerra recuerda, lo demás olvida. 
Era pequeño, "y si, con algo mejor sueño" dijo, a su hijo, cuando la agarraron, cuando le arrancaron los diminutos dedos de su camisa, cuando con tanta prisa ni recordó cuál era su risa. 
Y en un mundo paralelo alguien sonríe, extraño a un mundo lejano de las paredes de su cuarto.
No puedo con esta injusticia, de verdad que no la aguanto. 
Peor es añadir peso a la balanza, desequilibrar esta alianza del ser humano consigo mismo. 
Peor es ver sufrir y olvidarme. 
Peor es decir y pararme. 
Peor es escribir y quedarme. 
Quedarme en mi escritorio, en mi casa, cuando fuera llueve pero nada pasa. Nada ocurre. Nadie se mueve. 
Abren los paraguas y la molestia ahora es leve. Y todavía se mojarán los calcetines y se quejarán, dirán que probablemente se resfriarán. 
Ella corre para perder, él busca para encontrar, para beber. Querer es poder, pero no siempre ha servido para él. 
No tiene nada pero por ella lo daría todo. 
Obtuvo el mundo pero no supo compartirlo, le puso un precio e hizo que todo quedara fuera de las cámaras, de los ojos, de sus caras.
Hicieron reunión y de tripas corazón.