19 de octubre de 2016

der Entschluss.

Una vez más decido.
Decido qué hacer, si callarme o escupirlo.
Decido si dejar que llueva sobre mí o usar el paraguas.
¿Qué? ¿Qué es lo que decido?
No sé cómo levantarme hoy, si empujar hacia arriba o si dejarme llevar por la gravedad.
Porque esto es más que cansancio.
Decido si dejar que las raíces acaben por aplastarme o arrancarlas.
Y qué más dan las flores. Qué más dan las ramas, las hojas.
Si por dentro el agua me pudre.

Una vez más decido
si por dentro estoy podrida, 
y si debo cubrirlo por fuera.
Decido a donde mirar y a donde no, 
porque a veces es mejor no pensarlo demasiado.
Decido si dejo que me resbale,
o que me empape la chaqueta.
Decido quién tiene el problema,
si yo
o el resto del mundo.

No sé, una vez más decido. 
Decido si decidir, 
si debería decirlo,
o si quizás mejor sea escribirlo.   


10 de octubre de 2016

Pábitel.

No sé a qué llamas vida, tú. Que te levantas y te quejas, ya sean las 6 de la mañana o las 2 de la tarde. Que desayunas y te quejas, ya queme la leche o te enfríe el esófago. 

No sé a que llamas vida cuando vives con el cejo fruncido, con los labios arrugados. Estás amargado y ya no sabes a qué llamas vida. Encorvado vas a clase y estudias, o bostezando te sientas frente a un ordenador y empiezas a teclear. No recuerdas todos los órganos que te componen y lo duro que trabajan por mantenerte vivo. No sabes que el culo no solo es para sentarse, sino que hay que moverlo. Muévete, haz algo más que quejarte. Que te hablan y te quejas, ya te digan algo bueno o malo. Abre los ojos, que puedes ver pero no sabes mirar. No estás ciego, pero te quejas de la luz, te quejas de la oscuridad. Tienes algo que comer, pero te quejas de que no sea lo que te esperabas. 

No sé a qué llamas vida cuando más bien pareces un cadáver. Pálido, ojeroso y con los labios morados porque no sabes tomar el sol. Cuando parece que te duele cada respiración y todo son suspiros. Despierta que tienes todo un mundo esperando a que lo descubras. Despierta que ya va siendo hora de que disfrutes de algún amanecer. Y los anocheceres tienen cierto encanto si sabes con quién pasarlos.

No sé a que llamas vida si no vives.


6 de septiembre de 2016

Nuestra capacidad de autodestrucción puede llegar tan lejos que somos nosotros mismos quiénes ahogamos nuestras propias llamas.

Si tuviésemos que contar la cantidad de extraños con los que cruzamos a lo largo de nuestra vida acabaríamos pensando que solo somos la última mierda del universo. 
Gracias a dios a nadie se le ha ocurrido de momento, así que nuestro ego permanece intacto. Seguimos siendo especiales, con talento, únicos. ¿No?
No lo sé, pero te miro y me pregunto a cuántos extraños habré tenido que desechar para llegar a conocer tus ojos.
Me dices que eres uno más del montón, y por un instante se me olvida que somos solo granos de arena, y te recuerdo que juntos formamos algo tan bonito como la aurora boreal. Que por algún motivo el destino existe, y eso hace que me sienta un poquito más importante. 
Recalcas lo insignificante que es tu presencia, y no puedo evitar sentir como mi corazón se contrae de golpe y se vuelve un poco más pequeñito. Siempre he odiado que no valoraran lo que para mi suponía respirar. 

4 de septiembre de 2016

Keine Angst?

No sé.
No sé que va más despacio.
Si mi ordenador,
o mi capacidad de tomar decisiones.
Quizás tenga miedo.
Quizás, quizás tengo miedo.

Nuestro problema no es saber lo que es correcto o no. Nuestro problema es decidir si algo nos conviene o no. Y a mi no me conviene. De hecho, me viene mal. Fatal. Y además la casualidad de ser totalmente incorrecto. ¿Qué bien no?

A veces.
Más bien siempre.
Desearía ser completamente libre. ¿Tendrán las palomas estos problemas? ¿Pensarán las gaviotas tanto como yo en la profundidad del mar? Me estoy comiendo la cabeza por problemas del primer mundo. Como no tener un enchufe cerca de mi cama. Como no poder comprarme ropa más bonita.
Como no saber qué voy a hacer con mi vida.

Tengo miedo. Ya no solo es "quizás", porque lo sé. Estoy aterrada y no sé que hacer.
Ojalá dejarse llevar por la marea. Y olvidarme.

30 de agosto de 2016

Home is such a lonely place without you

No es solo decir "adiós" lo que duele. No son los abrazos, ni los besos o los "tenemos que volver a vernos". He descubierto que la ausencia no es tan horrible como esto. Me arden las pupilas al pensarlo, se contraen mis válvulas cardiovasculares, mi sangre se congela en el tiempo. No hay nada más sincero que las despedidas. No hay nada más perjudicial que el pensar demasiado. Pienso en los planes que no se pudieron hacer, en los que se llevaro a cabo pero no volverán a repetirse. Pienso en esa sensación de deja vu incompleta, en un vacío irremplazable. Y me mata. 
Me mata porque al final del día soy solo yo. No importa lo mucho que lo intente, todos se van. Porque por desgracia nada es para siempre y me empeño en andar de cara al viento. 

17 de junio de 2016

Light beyond the blue.

Solo quiero calma. Respirar el silencio, que el dióxido de carbono roce la comisura de mis labios. Quiero verlo todo azul, mar y cielo haciendo el amor, desdibujando el horizonte cada uno a su manera. La espuma abrazando a las rocas, desgastando su cariño. Y que aún así, esta no olvide lo mucho que adora los acantilados, platónicamente altos y afilados. Ellos susurran su nombre con ayuda del viento, y al mínimo atrevimiento de las olas, las parte en dos. Irónico que tanto amor llegue a salpicar apenas la punta de mis pies.
Solo quiero calma. Que el aire caliente ascienda y el frío se quede aquí abajo. Y me despeine de la manera más tranquila posible. Que no me importe tener el pelo en la cara porque lo que me interesa ver está aquí dentro. Así  las nubes nadan sin prisa, empujadas por sus aletas y brillantes a la luz del sol. Yo las acompaño hasta donde puedo, pero acabo por quedarme atrás.
Es cuando rompo la calma y choco contra la marea.

20 de mayo de 2016

生病你的屎的。

Estoy harta. Harta de todo y de nada. 
Porque siento que me desgasto buscando oasis en el desierto, porque mis verdes se manchan de azul. Algo dentro de mi crece y mi caja torácica no es suficiente, mis pulmones están negros y el aire que respiro lleno de humo. Tóxico, lleno de mierda. De pura mierda. 
Sabía que todo lo que sube baja, esta vez es profunda, no hay desinfectante que valga. No trates de lavarte las manos porque tienes la chaqueta llena de mierda. Pura mierda. 
Y por la noche, no duermes. Alguien arruga tus sábanas y procura que la oscuridad se proyecte en tus párpados. Ojalá no salga el sol. Ojalá sigas en vigilia continua. 
Porque no descanso, no paro de correr, de buscar. 

5 de abril de 2016

Si quieres enamorar a cualquiera, haz esto.

«Quería que hiciésemos esto juntos»

Sentados en mi cama, dejando escapar pequeñas arrugas entre las sábanas. Solo tú y yo, rodeados de recuerdos colgados por mis paredes, algunos de ellos llevando tu esencia. Mientras probablemente vuelas a otro mundo muy lejos de mí yo me pregunto cómo es posible encontrar una combinación más perfecta que la de nuestras presencias el día que nos conocimos. Otros habrían usado lo que tú supiste aprovechar. Te miro, y deseo que mis pupilas sean capaces brillar, de iluminarte y que algo en tu interior se encienda.

«Se supone que nos tenemos que hacer estas preguntas el uno al otro...»

¿Podría haber unos ojos más tiernos que los tuyos? ¿Por qué tus manos me parecen incompletas? No soy capaz de decirlo en alto, y lo mantengo entre mis labios, esperando a que te acerques y me dejes manifestarlo. Lees una de las preguntas y esperas a que yo responda, no sé cuáles son tus intenciones, qué es lo que buscas, pero que te intereses de esa manera por mí despierta mil aleteos que llevaban mucho tiempo dormidos.

«¿Cuál es tu recuerdo más doloroso?»

Y sin quererlo he acabado llorando, en frente de ti, que hasta ahora solo me habías conocido con una sonrisa. Permaneces quieto porque probablemente no sepas muy bien a qué viene todo eso, o quizás porque como yo, no te esperabas que se me humedecieran las pestañas. Me avergüenzo porque me siento desnuda, vulnerable. Me alegro porque a tu lado me siento más cómoda, arropada del resto del mundo. Y tú me cuentas cosas que no me espero, que no van a juego contigo ni con esta situación. Aprendo detalles que muchas habrán pasado por alto. Me quedo enganchada en los puntos más afilados de tus palabras, y caigo por la suavidad de tu mirada.

No sé qué pretendías que pasara aquella mañana, pero funcionó.

21 de marzo de 2016

Cuando llueve y te preguntas dónde.

Llovía. 
Aunque no sabía si fuera, o dentro. 
Gotas caían pos sus muslos, y desde arriba unas grotescas vistas. Lo giró hacia la izquierda, rojos, sus hombros solo imitaban. Poca luz; gris y naranja eran contrarios y aún así tocaban una de las melodías más tristes del mundo. Juntos chocaban contra el suelo de madera y desteñían los azulejos. Y ella, una de las compositoras más anónimas jamás conocida, frotaba las cuerdas que permanecían rotas sobre su costado. El vapor lloraba al cristal; al espejo, pedía clemencia. Todo flotaba y una vez volvía el frío se condensaba sobre su cabeza. Mojada la lluvia cubría su desnudez. Esta misma extendía sus manos y acariciaba las partes más delicadas, las más ocultas. Ella lo notaba y dejaba trabajar a su vieja aliada. El calor se iba poco a poco, mientras la humedad obstinada construía cobijo entre enjutas. Se iría oxidando, pero de momento todo iba bien. 

18 de marzo de 2016

18 de Marzo de 2016; 22:57

No sé. Me acabo de sentar frente al ordenador sin saber muy bien que escribir. Bueno, más bien he tirado el ordenador en mi cama y comenzado a buscar cualquier combinación de palabras que me sirviera para empezar. Como si un colchón pudiera ser un lugar de trabajo. Como si el somier fuera mi oficina y las sábanas simples becarias. Y qué escribir que merezca la pena ser leído. Como si no hubiese miles y miles de textos protestando, gritando desesperados la palabra cambio entre sus espacios. Como si no se hubiese dicho ya que esto se va a la mierda, que estamos tocando fondo. 

Suena el despertador a las seis y media de la mañana y me niego a abrir los ojos. Me lavo la cara pero sigo medio dormida. Mis párpados continúan cerrados mientras desayuno. Pierdo el tren y me doy cuenta de que desde las seis y treinta y uno tenían que haber estado abiertos. Nuevos Ministerios ahora se encuentra 15 minutos más lejos de mi. Supongo que no puedo pedir a los demás que despierten cuando ni yo soy capaz de distinguir sueño de vigilia. 

Tampoco puedo pedirle al mundo que recupere un poquito de su sentido común cuando el mío está de baja y el ascensor roto. Me seguirá faltando la cohesión, mucha coherencia, y ya ni hablemos de la adecuación. Aún así me considero afortunada al ver cualquier impedimento como un obstáculo y no como una condición. Y ¡madre mía! Menuda suerte al ser capaz de poder elegir entre ambas opciones. 

Sería maravilloso que todos fuéramos menos egoístas. O quizás que hubiéramos nacido sin cuello y nos fuera imposible torcer la cabeza hacia otro lado cuando vemos algo que no nos gusta. Y todo hubiera sido mucho más diferente. 

Pero por mucho que me digan que los párrafos no deben empezarse con pero, creo que poner pegas nunca ha estado de más, y que deberíamos tomárnoslas en serio de vez en cuando. 

No sé. Yo solo escribo mientras las ideas poco a poco se me desgastan.