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14 de abril de 2012

Friendship is not just knowing who you are.

No quiero dar envidia, pero tengo las mejores amigas que se pueden encontrar. Ellas me comprenden, ellas son perfectas, preciosas, son graciosas, mujeres de muchos ídolos. Ellas son las estrellas de mi propio cielo. Junto a ellas siento que encajo, siento que lo demás no es importante si cuento con ellas. Sé que nunca me defraudarán, sé que siempre sonreirán por mí, sé que tengo alguien que me quiera. Porque vivimos en nuestra propia burbuja, donde nunca crecemos. Hacemos tonterías, reímos, y nos enfadamos, pero eso forma parte de nuestra amistad. Somos diferentes, sería un royo si no fuéramos diferentes. Yo las quiero así, en su hermosa forma de ser, con su intocable personalidad. Y si alguna lee esto, por favor, hacedme la promesa de seguir haciendo estupideces, y de seguir construyendo nuestro infinito, ¿prometido?

11 de abril de 2012

Would you lie with me here, and just forget the world?

La lluvia chocaba contra el cristal del vehículo, y las gotas de agua luchaban por ver cual llegaba antes. No solo ellas luchaban por llegar primero, yo estaba corriendo una carrera contra el tiempo. La cuenta atrás había comenzado y con él la contrarreloj. Pero por más que empujara el coche mentalmente, el taxista no iba a ir más rápido. Y por más que yo quisiera, no podía evitar lo que se avecinaba. Finalmente paramos frente al hospital. Con el corazón en un puño subí las escaleras hasta la segunda planta. Allí estaba, habitación 182. Giré el pomo con cuidado temiéndome lo peor. Y la vi. Con su perfecta sonrisa y sus mejillas sonrojadas, rodeada de máquinas y de médicos. Entonces supe que era el fin, cuando su pulso se paró, acelerando el mío, cuando sus ojos se cerraron y su piel se volvió tan blanca como la nieve que ahora caía. Me aferré a su cuerpo inerte, dejando atrás a los médicos. La apreté fuerte contra mí, queriendo que se quedara en mis brazos. Pero era demasiado tarde. Se había ido para siempre.

—Te quiero—susurré a su oído, solo para nosotros.

24 de marzo de 2012

All I know is I was enchanted to meet you.

Llovía, era de noche y las luces de Navidad colgaban de farola en farola, de árbol en árbol. Una chica esperaba inquieta que la lluvia cesara, ya que se había olvidado el paraguas. Se había resguardado debajo del pequeño tejado que sobresalía del teatro, donde antes había disfrutado del concierto de uno de sus grupos favoritos. Movía el pie izquierdo, tenía prisa, había quedado y no podía llegar tarde. Pero tampoco podía irse ahora, las gotas de agua que caían le estropearían el peinado que tanto había costado hacer para esta ocasión. Alguien posó su paraguas sobre ella. El que lo sostenía sonreía, amablemente, no tenía otra intención que ayudarla. La saludó, y se ofreció a acompañarla con el paraguas hasta la parada de autobús más próxima, o esperar juntos un taxi. Ella después de resistirse un par de veces, aceptó. De algún modo, lo que iba a ser poco tiempo acabó en un café, el café pasó a algún dulce, y de ahí, a un intercambio de números. 
Entonces miraron los relojes, ella llegaba muy tarde, a donde fuera que llegara tarde. Salió del local donde habían estado hace un rato compartiendo risas, despidiéndose de él con un fugaz adiós. La lluvia había amainado, y debía darse prisa, porque podría empezar a llover de nuevo. 
Cuando por fin encontró un taxi y se subió a él, vio que tenía un mensaje:

Sé que nos acabamos de conocer, y que apenas sabemos
sabemos nada uno del otro, así que me
gustaría que quedáramos algún día, porque eso hay que arreglarlo :)
Estoy encantado de haberte conocido.

7 de noviembre de 2011

No. Se negaba por completo. Él no podía hacer que sus latidos cogieran aquel ritmo acelerado de nuevo, que su cuerpo entero temblara. Era imposible, no era él. Aquel chico, con el que hace unos días casi termina teniendo un enfrentamiento no podía ser él. Era estúpido. Ese pelo ni rubio ni castaño estrategicamente revuelto la ponía de los nervios. Esos ojos marrones, de los que no se podía distinguir la pupila la dejaba sin respiración, pero de la peor manera existente. Si, todo él era asqueroso y repugnante. Y ¿entonces por que sentía eso? Era tan parecido al anterior, aquel que acabó yéndose de su vida...Si, definitivamente no estaba enamorada de aquel idiota, o eso pensaba.

15 de octubre de 2011

Queridos reyes magos...

Esta carta no la he escrito yo, si no mi hermana pequeña de 6 añitos. 

Queridos reyes magos:

Este año he sido buena, me he bañado cuando mamá me decía y me he comido las cosas verdes (verduras). Este año no quiero nada para mí, así que no me traigais nada porque no lo quiero.

# Quiero que mi hermana no se queme la espalda este verano.
# Quiero que los padres de Paula (una amiga suya) dejen de estar tristes.
# Un novio para mi hermana.
# Unas gafas de sol nuevas para mamá ya que las otras se las comió el monstruo del armario (las rompió ella jugando)
# Que papá no se meta en las cosas de mamá.
# Lo último que quiero es que los regalos que me ibas a dar a mí se los des a los niños de abajo (Se refiera a África)

No voy a poner mi nombre por que sabéis quién soy.

P.D: Quiero un poni.

{#} Sueños


El patio estaba lleno de gente, alumnos del internado y los padres de los nuevos alumnos junto con sus hijos, entre ellos estaba yo. Todos poseían algo especial, un poder que los diferenciaba del resto del planeta y para mi sorpresa eran tantos que parecía una reunión de fans de Star Wars. La mayoría estaban abrazados a sus padres, llorando y pidiendo que los llevaran de nuevo a sus casas. Para ser sinceros, nadie quería estar allí, un internado siempre ha sido sinónimo de residencia del mal, y si encima se trataba un internado que trataba de dejarte allí el resto de tu vida por haber nacido diferente, te entraban ganas de llorar. Mi hermana pequeña agarró con más fuerza posible la mano con la que me cogía. Casi se me había olvidado que estaba ahí. Mi hermana tenía un poder especial, era mucho mejor que el mío y con diferencia. Ella era capaz de transformarse en lo que quisiera, desde un plátano a un mono. Este poder le habría ayudado a escapar cuando los del internado vinieron a buscarnos, si no hubiera estado abrazada a mí todo el tiempo. Yo era como una madre para ella, ya que la nuestra nos abandonó a nuestra suerte en un callejón de un barrio con la mayor concentración de robos, y si no llegara a ser por mí, que entonces tenía unos cinco años y la experiencia suficiente en el mundo como para coger a mi hermana en brazos y llevarla a un orfanato, ahora estaríamos muertas. Pero en este momento de mi existencia, prefería estar muerta, y no aquí, temiendo por el resto de ella. Los padres fueron empujados por los mismos trabajadores que nos trajeron aquí, y los llantos aumentaron. Millones de "papá", "mami" y "no te vayas" se gritaban por todo el patio. Mi corazón se estremeció y abracé a mi hermana con un brazo, esperando que no me la quitaran de los brazos. Nos empujaron a todos los niños hacia el interior del edificio, y sentí como alguien tiraba de mi hermana y la tiraba al suelo. Los empujones de los trabajadores eran tan fuertes que ni pude pararme a ayudar a mi hermana entre la multitud, perdiéndola de entre mis manos, deseando la muerte y llorando de una manera nunca experimentada por ningún ser. Grité de pura agonía, mientras el gentío me elevaba del suelo por la presión y me alejaba de la única razón de seguir viva. ¿Dónde estaba? ¿Dónde se quedó mi gran única?

Este sueño (más bien pesadilla) me hizo sufrí más que nada, fue hace mucho tiempo, y solo me acuerdo de pequeñas cosas. Sólo digo, que al despertarme, tenía la cara llena de lágrimas y los ojos rojos.

5 de septiembre de 2011

La segunda estrella a la derecha.

Estaba siendo una noche de intenso calor, así que decidí dejar la ventana abierta de par en par para que pudiera pasar el aire. Volví a mi cama y me puse de los cascos mientras dejaba que la música me inundara en los sueños.


Desperté, sudada por el terrible calor que estaba pasando. Miré la butaca que se encontraba en una de las esquinas de mi habitación. Había una silueta, parecía la de un niño, con un gorro algo singular. Encendí la luz asustada, y solté un grito corto y agudo del asombro. En ese momento, el muchacho salió volando (literalmente, volando) hacía mi y me tapó la boca. 
     —No querrás despertar a tus padres —susurró.
Después me soltó la mano y se volvió a sentar en la butaca. 
     —¿Quién eres? ¡Voy a llamar a la policía! —le amenacé a la vez que salía corriendo hacía la puerta.
Puse la mano en el pomo, y justo un instante después el me agarró de la cintura y me volvió a sentar a regañadientes en mi cama.
    —¿Me vas a dejar que me explique?
Asentí, debía darle información a la policía para denunciarlo. El se puso de pie y puso los brazos en jarras.
    —¡Soy Peter Pan! —dijo con un tono de orgullo.
    —Eso es solo un cuento.
    —¡Te quieres callar! Solo te voy a decir un par de cosas, luego me marcharé y tú te acordarás de esto como un sueño.
    —Continúa.
¿Qué podía perder? A lo mejor era solo un sueño. Me pellizqué, no, no lo era.
    —¿Sabes? Estás increíblemente mayor, te había confundido con tu hermana mayor, pero por lo que he visto, se ha ido de casa.
   —¿Como...?—le interrumpí.
El puso los ojos en blanco, y yo me disculpé.
   —Yo solo he venido ha decirte que te olvidaste de mí. Hace dos años, en tu cumpleaños, me prometiste que a pesar de ser mayor, seguirías dejando tu ventana abierta. Yo vine cada día desde entonces, y siempre estaba cerrada. A veces venía y me escondía en uno de los lados de la ventana para ver como ibas creciendo. Vi como tus paredes rosas se pintaron de rojo y gris, y como tus peluches fueron sustituidos por polvos rosas y lapices de ojos. Te llenaste la cara de cremas, a pesar de ser hermosa sin nada puesto. Vi todas y cada una de las fotos de tus amigas, y los novios que iban pasando. También observé como llorabas por ellos continuamente. Ya eras una adulta. Entonces, uno de los días en los que venía a visitarte, dejaste una ventana abierta. Yo entré, y te ví dormir, escuchando esos ruidos que llamas música. Esperé sentado en esa silla—señaló la butaca —. Y cuando por fin te despertaste, no te acordabas de mí. ¿Cómo crees que me siento ahora?


Una oleada de imágenes pasaron por delante de mis ojos. El y yo, de pequeña. Jugando a piratas, colgando de un árbol...
    —Peter, todo ha cambiado, he crecido. Ahora no pienso en eso—me acerqué hacía él poco a poco—Soy una adolescente, y pienso en otras cosas— Le cogí de la nuca y apoyé mi frente sobre la suya. Notando su respiración sobre mí, y sintiendo cada latido del corazón. Se rozaron nuestras narices, y en ese mismo momento, me cogió de la mano y me llevó volando hacía allá. El país de Nunca Jamás. La segunda estrella a la derecha.

4 de septiembre de 2011

I love you like a love song, baby.







Prólogo


I love you like a love song, baby.


Había hecho pataletas, fingí estar enferma e incluso hice un intento de torcerme el tobillo. Pero nada, repito NADA había hecho que mi madre cambiara de opinión. Iba a ir al campamento de verano sí o sí.
A mi no me apetecía nada, y creo que estaba claro. ¿No podía quedarme en casa con mi bonito ordenador? No, tenía que pasar mi verano de supuesto "relax" en un lugar a 342 Km exactos de mi casa. Bueno, al menos había playa. Lo peor de todo, es que no voy a poder ir a la piscina con ninguna de mis amigas. ¡Ah y claro! Se me olvidó aquello de establecer relaciones, aquello que se me da tan mal. Tendría que decir hola, luego ir con ellos a todas partes y ser una más del séquito que ellos llamarían "amigos". Suena muy concreto ¿verdad? Pues es que lo es, el año pasado ya fui a un campamento, y con decirte que al terminar ni se sabían mi nombre. Supongo que seré otra de esas personas que siempre pasan desapercibidas. Me estoy saliendo de tema. La cuestión es que ya estaba en el coche de camino al autobús escuchando "California Gurls" de Katy Perry, y a cada segundo que pasaba más cerca estaba del campamento. Ya me había rendido. Tenía las maletas hechas y el saco de dormir guardado en el maletero junto con el resto de cosas. Querido Dios, si es verdad que existes, haz que mi madre se arrepienta en estos pocos minutos que me quedan para llegar y me lleve de vuelta a casa. Por lo visto Dios no me oyó, no sé si fue porque no grité demasiado o porque estaba ocupado. Ya llegué al lugar donde estaba el autobús, ya si que estaba desesperada, cogí mi mp4 y enseguida me subía a él, con la canción de "Heartless" de The Fray en mis cascos cantándome solo a mí. Dejé que mi padre cargara con las maletas y las pusiera en el autobús. 
En cuanto pasé a través del pasillo del autobús noté como las miradas se clavaban en mí. Seguramente por mi normalidad absoluta y por mi chapa con la cara de Kristen Stewart. Lo más probable era lo segundo. Seguí caminando hasta el final del autobús, donde estaban los típicos canis del campamento que solo venían para ligar ¡sorpresa! Aquí la mayoría son unos enanos. Otra razón más para odiar los campamentos. Yo, con mis 16, sería algo así como la más adulta de aquel autobús, claro, si contamos los años mentales de los canis, en caso de los años que llevan viviendo serían mayores que yo, pero por unos meses. Me senté en la penúltima fila, con el riesgo de que a los canis les diera por molestarme. Podía ver a través del cristal a mis padres cogidos de una mano y despidiéndose de mi con la otra. En esos momentos estaba llena de enfado, aunque me despedí yo también de ellos, porque lo más seguro es que luego me arrepintiera de no haberlo hecho. Vi como el autocar comenzaba a moverse y mi madre dejaba caer unas pocas lágrimas. "Yo no te pedí que me dejaras ir, lo decidiste tú, así que no llores ahora" intenté transmitir a mi madre mentalmente. No funcionó, ella siguió llorando. Uno de los canis me tiró una bolita de papel, yo también empecé a llorar, no por mi madre, sino porque pasaría con esos quince suicidas días.

~*~
Esta es una novela que escribí hace poco, y que espero que les guste. Por favor, comenten, si no no la continuaré.