14 de marzo de 2014
El puto catorce de marzo de dos mil catorce: Sinceridad.
No te voy a mentir, me ha sentado como una puta patada en el estómago. Aquí estoy yo, con el maquillaje cayendo poco a poco sobre mi almohada y tú por ahí, queriendo a otra. Y no lo veo justo, no veo justo que permitieras ponerte en mi camino, que yo me pusiera en el tuyo y que mientras otra jugara con las mismas cartas. No veo justo que me hicieras creer que de verdad importaba, o que a lo mejor debía quererme un poco a mi misma cuando le repetías lo mismo a ella. Podías habérmelo dicho, no haberme dejado creer que tenía papeletas cuando ya se había hecho el sorteo. ¿Cómo me quedo yo ahora? ¿Cómo la grandísima mierda que soy? ¿Cómo el cero a la izquierda que he sido siempre? Joder que me arden las mejillas de la impotencia, de lo inútil que me siento. Soy gilipollas, imbécil, más bien ilusa porque pensé que tenía posibilidades. ¿A quién coño quieres engañar Elena? Qué no eres nadie, nunca te van a querer, y no sirves para nada. Que te vayas ya a algún rincón a esconderte, que lo mismo dará, ya ves. Tú paso es igual de notable que el de una hormiga, y él, él el jodido huracán que ha acabado por derrumbar lo que estaba en ruinas.
11 de marzo de 2014
Basado en hechos reales.
"–¿Dónde te metes?
–¿A qué te refieres?
–A que ya nunca estás donde solías estar.
–Ah ya, he dejado de ir.
–¿Por qué no me has avisado?
–Por que quería estar sola."
Y una vez más huyo de las situaciones incómodas, una vez más dejo que la gente se vaya. Es más fácil escuchar música, pretender que no hay nada mal hecho ni equivocaciones. Pretender que no soy yo la que falla. Así poco a poco me he ganado lo que voy recogiendo, me merezco sentirme sola de verdad porque es lo que he estado pidiendo a gritos. Y lo único que quiero es alguien que pueda aguantar alguna de mis idas y esté para mis venidas. Quiero hablar con alguien e ir más allá de una mierda de "bien, ¿y tú?". Quiero sentir que cuando ya no me soporte a mi misma venga alguien y lo haga más llevadero.
"–¿Has tenido un día malo o algo?
–Llevo semanas así."
De todas maneras me callo, sólo te lo cuento a ti que a saber por qué me lees. Quizás es miedo, poca confianza, inseguridad o un retraso monumental, pero lo único que puedo conseguir son malas caras, preocupación innecesaria o un "no te rayes". Y para eso, dejo que esto me pudra por dentro, porque total todos tenemos algo de mierda en el interior.
"–¿Por qué te acuestas tan pronto?
–Porque estoy cansada de estar despierta y de todo esto."
5 de marzo de 2014
Cinco de marzo de dos mil catorce: Colapso.
Quiero pedir perdón por ser como soy. Porque sé que cuesta aguantarme, sé lo difícil que es darme la segunda, tercera o décima oportunidad. Y sobre todo lo complicado que es entenderme cuando ni yo sé elegir entre sentirme sola o ser independiente. Esas veces que me voy de este mundo, esas horas que parece que de alguna manera desaparezco, pido perdón, pero se me hace más fácil simplemente dejar que todo huya de mí. Y si decides marcharte, no te lo impido, yo lo haría si pudiera. Si cierro los ojos habrá veces que no los abra en un tiempo, hay conversaciones que prefiero que se queden entre mi piel y mi garganta. Saber lo arrepentida que estoy de correr en dirección opuesta, de ir a contracorriente, me ayudaría, me lo haría todo más fácil quizás. Nada es fácil, ya lo sé. De soñar se sobrevive y yo me pasó el día saliendo del paso gracias a eso. Lo siento más que nada porque no quiero parecer ausente, pero no sé otra manera de estar. No sé estar ahí, no sé amortizar ni pasarme las noches en vela. Soy totalmente inútil con todo. Y ellos se cansarán, y aquellos fruncirán el ceño cuando vean mi arte para pasar de todo. Y yo agacharé la cabeza de nuevo, y esperaré a que el suelo recoja lo poco que me queda por decir. No espero nada, sólo quiero sacármelo de la cabeza. Quiero pedir perdón por ser como soy. Porque sé que canso y repito lo mismo cien y mil veces hasta que siento que alguien me escucha.
No me perdones, yo tampoco lo haría.
22 de febrero de 2014
Así que corre como siempre, no mires atrás.
Y bueno, nos piden soñar para que veamos la realidad, es decir, quieren que volemos para que alguien nos corte las alas y nos comamos con patatas el suelo. Será por eso que lo primero que nos enseñan es a caer.
No sé, cada vez tengo menos ganas de nada, a cada paso que doy vivo más desengañada. Lo siento pero se me van, se van tan rápido. Y siempre me dijeron que era una vaga, así que esta vez no iba a ser menos, y dejo que se vayan, a donde quieran, no las quiero.
Que me mientan, que me digan la verdad, no voy a creeme una mierda.
Lo siento otra vez, pero estoy cansada.
6 de febrero de 2014
A pound for my thoughts? No, i sell it for a dollar.
Camina agachado, con los brazos colgando de los hombros como si pesaran más de lo habitual y los dedos soñaran con rozar las baldosas del suelo. Arrastra las plantas de los pies porque estos no quieren dignarse a hacer mayores esfuerzos. ¿Se podría decir que lleva los ojos abiertos cuando no puedes distinguir entre sus pupilas o la nada? Ver sin mirar, camina sin pensar de un lado a otro pensando que de alguna manera el dolor se irá. No iba de negro porque negro estaba por dentro y nunca había sido de expresar como se sentía. Pero aún así el agujero en él permanecía en su epicentro, era una concentración de tantas cosas que no podías separar ninguna del resto. ¿Es por esa aglomeración que se sentía tan vacío? ¿El resto de su cuerpo se había quedado inerte entonces?
Hay veces que quieres sentirte bien, y hay otras que estás tan hundido que el levantarse resulta una estupidez porque sigues a mil metros bajo tierra. Y él estaba ahí atascado, encerrado en su propio hoyo mientras que el resto de personas lo saltaba. ¿O sólo pasaban de largo porque no iba de negro y sonreía de vez en cuando? Quizás no pedía alguien que le dijera que le pasaba, quizás sólo quería que le escucharan y después le dejarán seguir en su subsuelo. Quizás era pedir demasiado cuando nadie podía verle de verdad.
5 de febrero de 2014
Cinco de febrero de dos mil catorce: Joderos.
Ya. Ya está. He llegado al límite y me he perdido a mi misma. Estoy harta. Se ha acabado. Que le den a todo, que os den a todos, que yo ya paso de esa especie de "lugar llamado mundo". Me voy a dedicar a mí, a hacer lo que quiero, a sentirme bien conmigo misma. Porque si ni yo misma me respeto nadie me va a respetar, ¿cómo espero que alguien me quiera si ni yo misma puedo hacerlo? Ahora soy yo contra lo que digan.
¿Y sabéis qué? Que cantaré a gritos porque es lo que la euforia me pide, que bailaré de felicidad porque es lo que mi cuerpo necesita. Voy a escuchar un millón de veces mi canción favorita hasta que me sepa de memoria cada nota y repetir el proceso. Sacaré la mano por la ventanilla del coche y sentiré el viento golpear mis dedos, a pesar de que hagan ciento un grados bajo cero en la calle; y mandaré a la mierda a quien sea
si me impide hacer lo que quiero. ¡Qué os den a todos! Gracias por ayudarme a encontrarme, ahora ya no os necesito. Empaparme porque está lloviendo y no llevo paraguas pero aún así decir que hace un precioso día. Perder el bus y sonreír porque podré volver a casa andando. Equivocarme y saber que de los errores se aprende. ¿No os cansáis de estar tristes? Porque la vida son dos días y no voy a dejar que unos gilipollas me arruinen la noche. Que el reloj corra entonces porque sinceramente no me importa. Comeré una onza, quizás toda la tableta de chocolate si me apetece. Soy feliz joder, soy muy feliz.
¿Y sabéis qué? Que cantaré a gritos porque es lo que la euforia me pide, que bailaré de felicidad porque es lo que mi cuerpo necesita. Voy a escuchar un millón de veces mi canción favorita hasta que me sepa de memoria cada nota y repetir el proceso. Sacaré la mano por la ventanilla del coche y sentiré el viento golpear mis dedos, a pesar de que hagan ciento un grados bajo cero en la calle; y mandaré a la mierda a quien sea
si me impide hacer lo que quiero. ¡Qué os den a todos! Gracias por ayudarme a encontrarme, ahora ya no os necesito. Empaparme porque está lloviendo y no llevo paraguas pero aún así decir que hace un precioso día. Perder el bus y sonreír porque podré volver a casa andando. Equivocarme y saber que de los errores se aprende. ¿No os cansáis de estar tristes? Porque la vida son dos días y no voy a dejar que unos gilipollas me arruinen la noche. Que el reloj corra entonces porque sinceramente no me importa. Comeré una onza, quizás toda la tableta de chocolate si me apetece. Soy feliz joder, soy muy feliz.
2 de febrero de 2014
No soy de llorar los domingos.
De esto que no sé a quién quiero engañar. Que me siento una pesada pero de todos modos no soy capaz de dejar de tropezar con la misma piedra. Voy pretendiendo que estoy mejor que nunca, que me alegro de que todo halla acabado así pero a la hora de la verdad la risa me sabe amarga. Y de alguna manera el universo conspira contra mí y parece que todo el planeta gira al rededor del mismo eje, cuando a mi me dijeron que existían las casualidades. Pero si existen, ¿por qué veo el mismo nombre, escucho la misma canción y oigo las mismas palabras todo el tiempo? ¿Por qué me persiguen cuando lo único que intento es correr?
Pensaba que estaba bien hasta que vi que no lo estaba y me comí de golpe toda la mierda que había dejado de lado. Pensaba que esto no me afectaría tanto cuando ya estaba cansada de que me afectase, y resultó que eso daba igual, que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen.
Ha pasado un año y sigo igual de mal, igual de jodida. Ahora mi insomnio tiene nuevo nombre pero son las mismas pesadillas las que no me dejan dormir, y te juro que me duelen los ojos de contar arrugas en el colchón. Me lo dijeron, que cuanto más alto fueras más dolía cuando te caías, y yo como una imbécil fui detrás de Ícaro y acabamos quemándonos con el sol.
Pensaba que estaba bien hasta que vi que no lo estaba y me comí de golpe toda la mierda que había dejado de lado. Pensaba que esto no me afectaría tanto cuando ya estaba cansada de que me afectase, y resultó que eso daba igual, que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen.
Ha pasado un año y sigo igual de mal, igual de jodida. Ahora mi insomnio tiene nuevo nombre pero son las mismas pesadillas las que no me dejan dormir, y te juro que me duelen los ojos de contar arrugas en el colchón. Me lo dijeron, que cuanto más alto fueras más dolía cuando te caías, y yo como una imbécil fui detrás de Ícaro y acabamos quemándonos con el sol.
28 de enero de 2014
Disculpen las molestias.
Hoy no abrimos, el local está a oscuras. Pedimos disculpas por las molestias ocasionadas pero se nos han cruzado un par de cables y estamos teniendo más de un problema técnico. Así que dedíquense a pasar de largo, a recordar que antes aquí había vida, estamos vacíos. El dueño ha cerrado la puerta y ha escondido la llave, quizás la ha tirado porque ya no la necesitaba. Eso no lo sabemos, sólo sabemos que todo está roto, caído, lleno de grietas y humedades. Les decimos de corazón que esta no era nuestra intención pero que las circunstancias han podido con nosotros, de modo que no hemos visto otra alternativa que decir adiós. Las ventanas están cubiertas con periódicos llenos de historias ya pasadas y el polvo se acumula sobre las repisas. Nos arrepentimos pero nos dejamos llevar. No llamen más al timbre, no estamos sordos pero es que ya no funciona, hace tiempo que no funciona... De todos modos, no creo que nada de esto les importe, total estamos destrozados y eso no es nada nuevo.
Igualmente, disculpen las molestias.
21 de enero de 2014
No sabría si decirte que estoy cansada.
Me dijeron que a partir de cierta edad dejabas de tener miedo a la oscuridad, pero no conozco otro tipo de sueño que una pesadilla. Quisiera saber si vivir es así de verdad o hay algo más detrás de estas cortinas de humo, y si lo hay, ¿cuándo se supone que desaparecen? De momento no le veo la gracia a levantarse para volverse a acostar, ni a hacer la cama para deshacerla más tarde. Los días pasan como simples "Martes", "Jueves", "Sábados" y yo sigo siendo la misma estúpida de siempre. Y me gustaría que las cosas cambiasen, y que todo dejase de ser un simple escenario donde los que pueden salen a lucirse y los que no mueren aplastados por la multitud. Me siento igual de vacía que nada, soy tan gris que no sabría decirte si hay más negro que blanco. Me arrepiento de todo y a la vez de nada. Me siento inútil pero a la ver afortunada. Egoísta por quejarme de mi misma cuando hay gente que muere por condiciones injustas. Ojalá no fuera yo, si no otra, otra que quizás haría las cosas mejor.
"Tienes razón, pero mi cabeza no es tolerante a la verdad."
4 de enero de 2014
Esta vez no me caeré por las escaleras.
Despierto, veo escalones, y a ti en el último piso. No hay ascensores, ni escaleras mecánicas, solo pies descalzos y pocas ganas de esforzarme, total, ¿para qué? La vida es escalar, pero no me apetece clavar más veces mi pico en una superficie inestable, así que prefiero quedarme aquí atascada en mi pequeña cueva esperando a morirme de frío. Opto por ir hacia abajo, siempre he sido demasiado cobarde como para esperar si quiera a la hipotermia. Así que desciendo poco a poco por mi montaña, o deshaciendo los escalones detrás de mí. Es lo mejor, trato de decirme eso, así no podré equivocarme, así la distancia de la caída será menor, así me costará menos mantener la respiración, si no lo pienso mucho...
Entonces tu imagen de nuevo, en lo más alto, y tengo envidia y a la vez cierta admiración. Giro y contemplo otra vez los escalones, ahora son más y estoy más cansada. Pero subiría miles de kilómetros con tal de alcanzarte. Ahora corro, voy de dos en dos, de oca en oca y tiro por que me toca, por decirlo de alguna manera, para que me entiendas. Tropiezo, caigo, me rompo en mil pedazos, me levanto y recojo el mayor número de trozos que me permiten mis manos y sigo, cada vez me duele más, pero aún así no paro. Y mientras tanto pienso en ti, en lo lejos que estás y en lo difícil que resulta tratar de seguirte. Cuando quiero darme cuenta, estás a ciento un escalones detrás de mí.
Entonces tu imagen de nuevo, en lo más alto, y tengo envidia y a la vez cierta admiración. Giro y contemplo otra vez los escalones, ahora son más y estoy más cansada. Pero subiría miles de kilómetros con tal de alcanzarte. Ahora corro, voy de dos en dos, de oca en oca y tiro por que me toca, por decirlo de alguna manera, para que me entiendas. Tropiezo, caigo, me rompo en mil pedazos, me levanto y recojo el mayor número de trozos que me permiten mis manos y sigo, cada vez me duele más, pero aún así no paro. Y mientras tanto pienso en ti, en lo lejos que estás y en lo difícil que resulta tratar de seguirte. Cuando quiero darme cuenta, estás a ciento un escalones detrás de mí.
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